
Hay un momento en cada proyecto en el que la puerta se abre por primera vez y el espacio es finalmente él mismo. En Herzliya, ese momento llegó el día en que se cayó la pared de la cocina.
El punto de partida
El departamento original estaba tallado en ambientes chicos y cerrados. La cocina quedaba escondida, cortada de la luz y de la vida de la casa. La familia quería una cosa por sobre todas: estar juntos mientras cocinan, comen y viven.
La única decisión que ordenó todo el proyecto fue abrir la cocina al living — y dejar que la luz corriera de punta a punta.
- Una línea de visión continua desde la entrada hasta la terraza
- Roble cálido contra una paleta calma y neutra
- Una isla que se volvió el verdadero centro de la casa
Todo lo demás salió de ahí. Cuando la familia entró, nadie habló de materiales ni de presupuestos. Se quedaron parados en la luz.

